El desierto de Atacama se encuentra principalmente en el norte de Chile. Durante mucho tiempo, fue descrito como el lugar más seco de la Tierra. Hoy se suele precisar que es el desierto no polar más seco del planeta. En su parte central, pueden pasar años sin una lluvia importante.
Esta falta de agua tiene varias causas. Al este, la cordillera de los Andes detiene gran parte del aire húmedo. Al oeste, la corriente de Humboldt enfría el aire sobre el Pacífico y dificulta la formación de nubes de lluvia.
Aunque muchas personas imaginan un mar de arena, el Atacama ofrece paisajes muy distintos. Allí aparecen salares blancos, volcanes, lagunas de colores, géiseres y formaciones rocosas. Cerca de San Pedro de Atacama, el Valle de la Luna parece pertenecer a otro planeta.
Los antiguos habitantes de la región aprendieron a vivir cerca de oasis, ríos y fuentes de agua. También crearon rutas para intercambiar productos entre la costa, los valles y el altiplano. Por eso, el desierto nunca fue un territorio completamente vacío.
La naturaleza también encontró formas de resistir. En las lagunas altas viven flamencos y otros animales. En ciertas zonas, algunos microbios sobreviven bajo condiciones extremas. Cuando llega una lluvia poco común, partes del desierto incluso pueden llenarse de flores.
Las noches son otra gran sorpresa. El aire seco, la altura y la escasez de nubes permiten observar el cielo con mucha claridad. Por esta razón, algunos de los observatorios más importantes del mundo fueron construidos en el Atacama.
La NASA también utilizó este paisaje para probar instrumentos destinados a Marte. El suelo seco y rocoso ayuda a los científicos a estudiar cómo podrían buscar señales de vida en otro planeta.
El Atacama parece silencioso y vacío desde lejos. Al conocerlo mejor, ocurre lo contrario: cada roca, cada laguna y cada estrella cuenta una historia.
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