Durante casi todo el año, Pamplona es una ciudad tranquila del norte de España. Sin embargo, cada mes de julio, sus calles cambian. Miles de personas se visten de blanco, se ponen un pañuelo rojo y celebran las fiestas de San Fermín.

La fiesta comienza el 6 de julio. A las doce del mediodía, una persona lanza un cohete desde el balcón del ayuntamiento. Este momento se llama chupinazo. Cuando el cohete sube al cielo, la música empieza y la plaza se llena de alegría.

Las fiestas tienen una historia muy antigua. En la Edad Media, los habitantes de Pamplona celebraban actos religiosos en honor a san Fermín. También había mercados de animales y espectáculos con toros. Con los años, estas costumbres se unieron.

El acto más conocido es el encierro. Desde el 7 hasta el 14 de julio, varios toros recorren las calles cada mañana. Delante de ellos corren personas adultas. La carrera dura pocos minutos, pero es peligrosa. Por eso, mucha gente la observa desde balcones o detrás de las barreras.

Cuando termina el encierro, la ciudad continúa despierta. Hay conciertos, bailes, comidas y fuegos artificiales. Los gigantes y cabezudos también recorren el centro. Durante muchos años, estas grandes figuras han sido una de las partes favoritas de las familias.

La noche del 14 de julio, la gente vuelve a la plaza del ayuntamiento. Allí canta el Pobre de para despedirse. Después de nueve días de ruido, Pamplona recupera la calma.

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