En una calle de Estados Unidos, una persona puede pedir un café en inglés y llamar a su madre en español. Por la mañana escucha las noticias en una lengua y, por la noche, ve una serie en la otra. Para millones de habitantes, vivir entre dos idiomas es algo normal.
El español es la lengua más hablada del país después del inglés. En 2019, más de 41 millones de personas mayores de cinco años lo hablaban en casa. Muchas de ellas habían nacido en Estados Unidos.
Su historia comenzó mucho antes de las grandes migraciones modernas. En 1565, los españoles fundaron San Agustín, en Florida. Allí ya se hablaba español décadas antes de que nacieran las primeras colonias inglesas permanentes.
La lengua también estuvo presente durante siglos en el suroeste. Cuando las fronteras cambiaron en el siglo XIX, muchas comunidades hispanohablantes pasaron a formar parte de Estados Unidos. Ellas no habían cruzado una frontera: la frontera había cambiado a su alrededor.
Durante el siglo XX, llegaron nuevas familias desde México, Puerto Rico, Cuba, República Dominicana, Centroamérica y Sudamérica. Cada grupo trajo sus palabras, su acento y sus costumbres. Por eso, el español de Miami no suena igual que el de Los Ángeles o Nueva York.
En muchos hogares, los adultos hablan español y los niños responden en inglés. Otras veces, todos cambian de lengua según el tema. Pueden decir una frase en español y terminarla en inglés. Esta práctica suele llamarse Spanglish.
Algunas personas critican esa mezcla. Sin embargo, para muchos bilingües es una forma rápida y natural de comunicarse. No significa que no sepan hablar bien. Significa que tienen dos lenguas disponibles.
El español también puede perderse con el paso de las generaciones. Los hijos suelen entenderlo, pero quizá no lo hablan con seguridad. Los nietos pueden conocer solo algunas palabras. Por esta razón, muchas familias buscan libros, clases y programas bilingües.
Hablar español no es una obligación para tener una identidad latina. Tampoco todos los latinos dominan la lengua. Aun así, muchas personas desean que las nuevas generaciones puedan usarla.
El futuro del español en Estados Unidos no depende solamente del número de hablantes. También depende de la escuela, la familia y la vida pública. Cada conversación ayuda a mantenerlo vivo, aunque la lengua cambie por el camino.
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