El independentismo catalán no nació en 2017. Cataluña ya tenía una lengua propia, instituciones históricas y una larga tradición política. Sin embargo, el movimiento creció con rapidez después de 2010, cuando el Tribunal Constitucional anuló o reinterpretó algunas partes del nuevo Estatuto de Autonomía.
Durante los años siguientes, grandes manifestaciones pidieron más autogobierno y el derecho a decidir. En 2017, el gobierno catalán organizó un referéndum de independencia. Los tribunales españoles lo habían suspendido, pero la votación se celebró. La policía intentó cerrar varios centros y hubo imágenes de violencia que recorrieron el mundo.
Después, el Parlamento catalán declaró la independencia. El gobierno español aplicó el artículo 155, destituyó al gobierno regional y convocó elecciones.
En los años posteriores, algunos dirigentes fueron condenados, indultados o incluidos en una ley de amnistía. El movimiento continuó, aunque perdió fuerza electoral. Cataluña siguió dividida entre quienes querían separarse de España y quienes deseaban permanecer en ella.
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