Cuando Hernán Cortés llegó a las costas de México en 1519, el Imperio azteca parecía fuerte. Tenochtitlan era una de las ciudades más grandes del mundo y dominaba una amplia red de pueblos. Sin embargo, aquella fuerza escondía problemas que facilitaron su caída.
Los mexicas, conocidos normalmente como aztecas, habían construido su imperio mediante conquistas militares. Los pueblos derrotados debían entregar alimentos, tejidos y otros productos. Algunos aceptaban esta situación, pero otros esperaban una oportunidad para liberarse.
Cortés comprendió que sus soldados no podían vencer solos. Por eso, buscó aliados indígenas. Los tlaxcaltecas, antiguos enemigos de los aztecas, se unieron a los españoles. Es importante que se recuerde este hecho: la conquista no fue solamente una guerra entre europeos e indígenas.
Moctezuma recibió a Cortés en Tenochtitlan, pero la convivencia pronto terminó. La tensión aumentó, hubo violencia y los españoles escaparon de la ciudad durante la llamada Noche Triste. Aun así, regresaron con más aliados.
La viruela también tuvo un efecto devastador. Como la población indígena no tenía defensas contra la enfermedad, miles de personas murieron. El imperio perdió soldados, trabajadores y dirigentes en muy poco tiempo.
En 1521, Tenochtitlan fue rodeada. Los atacantes cortaron el acceso al agua y a los alimentos. Después de una larga resistencia, Cuauhtémoc fue capturado y la capital cayó.
La derrota acabó con el poder político azteca, pero no con su cultura. Hoy, muchas palabras, platos y tradiciones mexicanas muestran que el pasado indígena sigue presente.
Tip: tap any word to see its English translation.
