Situada en medio del Pacífico, Rapa Nui parece el escenario perfecto para una historia de misterio. Hay volcanes, una escritura que todavía no se comprende por completo y cerca de un millar de figuras de piedra repartidas por el paisaje. No resulta extraño que hayan aparecido teorías sobre continentes perdidos, poderes sobrenaturales e incluso visitantes de otros planetas. El problema es que los verdaderos logros de los rapanui son mucho más interesantes que esas fantasías.
Los moáis se tallaron principalmente en la roca volcánica de Rano Raraku. Se cree que representaban a antepasados importantes, cuyas imágenes se colocaban sobre plataformas ceremoniales conocidas como ahu. La mayoría miraba hacia las comunidades y no hacia el mar. De esta forma, la presencia de los muertos se integraba en la vida cotidiana de los vivos.
La manera en que se transportaron las estatuas sigue siendo discutida. Se han propuesto trineos, rodillos de madera y otros sistemas. Sin embargo, una hipótesis que ha ganado fuerza sostiene que los moáis fueron trasladados verticalmente. Mediante cuerdas, se los balanceaba de izquierda a derecha mientras avanzaban por caminos preparados. Los experimentos realizados con réplicas demuestran que un equipo relativamente pequeño puede hacer que una estatua “camine”.
Durante décadas también se difundió una historia sombría sobre la isla. Según esta interpretación, la construcción de moáis exigió tal cantidad de madera que los bosques desaparecieron. A continuación, se habría producido una crisis de alimentos, una guerra general y un colapso social.
Hoy se cuestiona esa narración. La deforestación fue real, pero no se ha demostrado que provocara una destrucción inmediata de la sociedad. Se desarrollaron jardines de piedra, mediante los cuales se protegía el suelo y se mejoraban los cultivos. Además, diversos estudios indican que las comunidades continuaron adaptándose a condiciones ambientales difíciles.
Las pérdidas humanas más graves se produjeron tras el contacto europeo. Las enfermedades introducidas y las incursiones esclavistas del siglo XIX redujeron brutalmente la población.
El misterio de Rapa Nui no desaparece con estas investigaciones; simplemente cambia. Ya no vemos a una población que destruyó su mundo por ignorancia. Vemos a una sociedad capaz de convertir piedra, cuerda y cooperación en una de las obras más extraordinarias de la historia.
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