La llama y la alpaca son conocidas en casi todo el mundo, pero su pariente salvaje, el guanaco, recibe mucha menos atención. Este animal vive en zonas muy diferentes de Sudamérica, desde las montañas andinas hasta las estepas frías y los desiertos del sur.
El guanaco pertenece a la familia de los camélidos. Los investigadores creen que, hace miles de años, los pueblos indígenas domesticaron algunos guanacos y dieron origen a la llama. Gracias a ese proceso, las comunidades andinas consiguieron un animal capaz de transportar mercancías y proporcionar lana y carne.
El guanaco nunca perdió por completo su carácter salvaje. Es más ligero y desconfiado que la llama, y puede correr a unos 55 kilómetros por hora. Esta velocidad le permite escapar de su principal depredador, el puma.
Los guanacos suelen vivir en grupos familiares. Un macho adulto cuida el territorio y protege a las hembras y a las crías. Cuando detecta un peligro, emite sonidos de alarma. Si es necesario, también intenta expulsar al intruso. Como otros animales de su familia, puede escupir para defenderse.
La caza y la pérdida de hábitat redujeron sus poblaciones durante muchos años. Afortunadamente, algunos programas de conservación han permitido que la especie se recupere en ciertas regiones.
Su capacidad para vivir con frío, viento y poca agua convierte al guanaco en uno de los grandes sobrevivientes de Sudamérica. Conocerlo también ayuda a entender mejor la historia de la llama y de las sociedades andinas.
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