Entre España y Francia se habla una lengua que no se parece a ninguna otra de Europa. Se llama euskera o euskara. Mientras el español, el francés y el inglés nacieron de familias conocidas, el euskera quedó solo. Hasta hoy, ningún estudio ha demostrado que tenga una lengua hermana.

Los romanos dejaron inscripciones con nombres de la antigua Aquitania. Algunos se parecían mucho a palabras vascas. Gracias a esos nombres, los lingüistas pensaron que allí se hablaba una lengua relacionada con el euskera. Sin embargo, no encontraron textos largos que explicaran su origen.

Otro misterio fue su supervivencia. El latín se extendió por gran parte de Europa, pero el euskera no desapareció. Las montañas ayudaron, aunque las familias y las comunidades también lo protegieron. En 1545 apareció el primer libro impreso en esta lengua.

Hoy existe una forma común llamada euskera batua. Se enseña en escuelas y se usa en los medios. El idioma cambió y se modernizó, pero todavía guarda preguntas que nadie ha podido responder.

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