Hace muchos siglos, Granada era la capital de un reino musulmán. En una colina sobre la ciudad, los gobernantes de la dinastía nazarí construyeron la Alhambra. No era solamente un palacio. También era una fortaleza y una pequeña ciudad donde vivían soldados, trabajadores y miembros de la corte.
Los palacios tenían patios, fuentes y jardines. El agua corría por pequeños canales, mientras la luz entraba en las habitaciones. Las paredes estaban cubiertas de formas geométricas, plantas y palabras en árabe. La decoración era muy detallada, pero los espacios transmitían calma.
En 1492, los Reyes Católicos tomaron Granada. Después, utilizaron la Alhambra y cambiaron algunas zonas. Más tarde, también se construyeron edificios de estilo cristiano. Así, el lugar guardó partes de diferentes épocas.
Durante algunos años, la Alhambra perdió importancia. Sin embargo, viajeros y artistas volvieron a interesarse por ella. Sus historias y leyendas llegaron a muchos países.
Hoy, la Alhambra representa una parte esencial de la historia española. Nos recuerda que la cultura de España también nació del mundo islámico. Sus patios no hablan con una sola voz: cuentan la historia de varias sociedades que dejaron su marca en Granada.
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