A principios del siglo XVI, el Imperio azteca era uno de los más poderosos de América. Su capital, Tenochtitlan, estaba construida sobre una isla y tenía grandes templos, mercados llenos de productos y calles con canales.
El imperio creció gracias a sus conquistas. Muchos pueblos tuvieron que pagar tributos a los aztecas. Por esta razón, algunos grupos indígenas estaban cansados de su poder.
En 1519, Hernán Cortés llegó a México con varios cientos de soldados españoles. Aunque su ejército era pequeño, consiguió el apoyo de miles de guerreros indígenas. Los tlaxcaltecas fueron sus aliados más importantes.
Al principio, el emperador Moctezuma recibió a los españoles en Tenochtitlan. Sin embargo, la relación cambió rápidamente. Hubo enfrentamientos y los españoles tuvieron que salir de la ciudad.
Después, una epidemia de viruela causó muchas muertes. La enfermedad debilitó a la población azteca y también afectó a sus líderes.
En 1521, los españoles y sus aliados rodearon Tenochtitlan. Después de meses de lucha y hambre, la ciudad cayó. Cuauhtémoc, el último emperador, fue capturado.
El imperio terminó, pero su herencia continuó. La lengua náhuatl, la comida y muchas costumbres indígenas todavía forman parte de la vida mexicana.
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