En Guanajuato, México, hay un museo muy diferente. Allí están las famosas momias de la ciudad.

No vienen del antiguo Egipto. Son personas de una época mucho más cercana.

La historia empieza en el cementerio de Santa Paula. En 1871, unos trabajadores abren una tumba. Allí encuentran el cuerpo de Remigio Leroy.

Leroy era un médico francés. Murió seis años antes. Los trabajadores esperan encontrar solo huesos. Pero su cuerpo todavía está casi completo.

Después aparecen otros cuerpos parecidos. Nadie los prepara de una forma especial. El cambio es natural.

Los espacios del cementerio son muy secos. Así, algunos cuerpos pierden agua muy rápido. No todos se convierten en momias.

Con los años, llegan muchos visitantes. En 1969, la ciudad abre un museo. Hoy muestra más de cien cuerpos.

El museo también tiene historias de miedo. Una dice que algunas personas seguían vivas. Pero no hay pruebas de esa historia.

Una boca abierta no muestra cómo murió alguien. Cada cuerpo fue una persona real. Tuvo familia, trabajo y un nombre.

Los expertos buscan ahora esas historias. Quieren saber más sobre estas personas.

Estas momias causan sorpresa. También merecen cuidado y respeto.

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