En la costa sur del Perú existe un paisaje extraordinario. Sobre el desierto aparecen líneas rectas, grandes formas geométricas y dibujos de animales. Entre las figuras más conocidas están el colibrí, el mono y la araña.
Los pueblos Paracas y Nazca crearon estos geoglifos durante muchos siglos. Para dibujarlos, retiraron las piedras oscuras que cubrían el suelo. Debajo había tierra más clara. La diferencia de color formó líneas visibles sin necesidad de excavar profundamente.
Algunas figuras son enormes, pero no fue necesario volar para construirlas. Sus creadores pudieron trabajar con estacas, cuerdas y planes preparados. Además, varias imágenes también se observan desde las colinas cercanas.
No sabemos exactamente para qué servían. Algunos investigadores piensan que formaban caminos para ceremonias. Otros estudian su relación con el agua, los animales y el cielo. Quizá no tuvieron una sola función.
El clima extremadamente seco permitió que las líneas sobrevivieran casi dos mil años. En el siglo XX, la investigadora María Reiche dedicó gran parte de su vida a estudiarlas y protegerlas.
Hoy, los arqueólogos usan fotografías, drones y computadoras para encontrar nuevas figuras. Cada descubrimiento amplía el paisaje, pero también recuerda su fragilidad: una pisada o un vehículo puede dejar una marca duradera.
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