Durante la primera mitad del siglo XX, Cuba compraba muchos automóviles de Estados Unidos. En las calles aparecían modelos de Chevrolet, Ford, Buick y otras marcas conocidas. Para algunas familias, tener uno de estos vehículos era una señal de comodidad y progreso.

La situación cambió después de la Revolución cubana de 1959. Las relaciones entre Cuba y Estados Unidos empeoraron. Poco después, las restricciones comerciales redujeron la llegada de automóviles estadounidenses y piezas de repuesto.

Sin piezas nuevas, mantener los vehículos se volvió muy difícil. Sin embargo, los propietarios no los abandonaron. Los mecánicos repararon motores, fabricaron pequeñas piezas y usaron materiales de otros modelos. En algunos casos, colocaron motores soviéticos o de vehículos más modernos dentro de carrocerías estadounidenses.

Así nacieron autos muy particulares. Por fuera, algunos parecen completamente antiguos. Por dentro, pueden tener piezas de distintos países y épocas.

Muchos se convirtieron en taxis. Otros comenzaron a ofrecer paseos a los turistas. También hay familias que los han cuidado durante varias generaciones.

Los autos antiguos de Cuba son únicos porque siguen trabajando. No son solamente objetos bonitos del pasado. Son vehículos creados una y otra vez por personas que aprendieron a resolver problemas con pocos recursos.

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