Las pirámides mexicanas no pertenecieron a una sola cultura. Diferentes pueblos las construyeron durante muchos siglos. Cada ciudad tenía sus propios dioses, gobernantes y tradiciones.
Teotihuacán fue una gran ciudad cerca de la actual Ciudad de México. Sus habitantes levantaron las pirámides del Sol y la Luna. Mucho tiempo después, los mexicas encontraron la ciudad abandonada y la llamaron Teotihuacán, el lugar donde nacieron los dioses.
En Yucatán, los mayas construyeron Chichén Itzá. Su edificio más famoso es El Castillo, una pirámide relacionada con el tiempo y el calendario. En la parte superior había un templo dedicado a Kukulcán.
Las pirámides no eran solamente edificios altos. Allí se celebraban ceremonias religiosas. También mostraban la riqueza y el poder de una ciudad. Desde abajo, un gobernante situado en la cima parecía todavía más importante.
Los mexicas construyeron el Templo Mayor en Tenochtitlan. Estaba dedicado a Tláloc y Huitzilopochtli. Después, los españoles levantaron una nueva ciudad sobre las construcciones mexicas.
Hoy los arqueólogos estudian estos lugares. Cada descubrimiento responde algunas preguntas y crea otras nuevas. Las pirámides son pacientes: llevan siglos esperando.
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