Pablo Escobar nació en Colombia en 1949. De joven entró en negocios ilegales. Durante los años setenta, participó en el comercio de cocaína y formó el Cartel de Medellín.
La venta de droga produjo mucho dinero. Escobar compró propiedades y pagó a muchas personas. También construyó casas y canchas deportivas en barrios pobres. Por eso, algunos vecinos comenzaron a verlo como un benefactor.
Sin embargo, la ayuda tenía otra cara. Su organización utilizó sobornos, amenazas y ataques para proteger el negocio. Periodistas, jueces, policías, políticos y ciudadanos fueron víctimas de esa violencia. Muchas familias colombianas vivieron con miedo.
Escobar también quiso entrar en la política. En 1982 consiguió un puesto como representante suplente. Cuando varios políticos revelaron su pasado criminal, tuvo que abandonar el Congreso.
En 1991 se entregó al gobierno y entró en una cárcel llamada La Catedral. Allí mantuvo privilegios y continuó controlando su organización. Un año después escapó.
La policía lo encontró en Medellín en diciembre de 1993. Su muerte terminó con su mando, pero no con el narcotráfico.
Hoy aparece en series, camisetas y recorridos turísticos. Colombia también crea espacios para recordar a las víctimas. Esa memoria muestra la parte que una historia emocionante suele esconder.
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