En Costa Rica, el bosque cambia con la altura y la lluvia. Cerca del mar Caribe y en el sur del Pacífico, crecen selvas cálidas y húmedas. Sus árboles forman un dosel alto que recibe casi toda la luz. Abajo, entre sombras, viven ranas, insectos, felinos y plantas pequeñas.

En las montañas aparece otro mundo. La neblina cubre bosques como los de Monteverde y Talamanca. El agua queda sobre las hojas y alimenta musgos, helechos y muchas orquídeas. Allí, muchas de estas plantas crecen sobre los árboles sin hacerles daño.

Durante gran parte del siglo XX, Costa Rica perdió enormes áreas forestales. Los ganaderos y agricultores transformaron bosques en campos. En 1987, quedaba bosque en solo una quinta parte del país.

Después, la situación cambió. El gobierno creó parques, limitó la tala y pagó a propietarios que protegían la naturaleza. También creció el turismo ecológico. Así, muchos terrenos abandonados comenzaron su regeneración.

Hoy los bosques cubren casi tres quintas partes del territorio. Sin embargo, no todo está resuelto. Algunas zonas están separadas por carreteras y fincas. El cambio climático altera la lluvia y las nubes. Proteger la selva también significa unir sus partes y cuidar mejor a las comunidades cercanas.

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