En la selva costarricense, la abundancia depende de una economía rigurosa. Lluvia, hojas, hongos y raíces sostienen un ciclo continuo. Nada parece escaso, aunque muchos suelos tropicales contengan pocos nutrientes disponibles. La riqueza no está guardada bajo tierra: circula. Interrumpirla puede empobrecer lo que tardó siglos en organizarse.

Tampoco existe una sola selva. El calor y la humedad sostienen los estratos de Corcovado. Árboles emergentes sobresalen del dosel; lianas y epífitas aprovechan otros troncos para ascender. Más arriba, en Monteverde y Talamanca, el bosque se vuelve nuboso. El aire húmedo asciende, se enfría y deja gotas sobre musgos, bromelias y ramas. La niebla no es un fondo fotográfico, sino una fuente de agua.

La geografía explica parte de la exuberancia. Costa Rica ocupa el puente que reunió floras y faunas de Norteamérica y Sudamérica. Sus cordilleras añadieron alturas, microclimas y aislamientos. En Talamanca, un desplazamiento relativamente corto conduce desde bosques lluviosos bajos hasta bosques de roble, ambientes nubosos y páramos. La diversidad surgió tanto del encuentro como de la separación.

Ese patrimonio suele describirse mediante cifras espectaculares: en poco más de 51.000 kilómetros cuadrados vive cerca del 6 % de las especies conocidas del planeta. El dato comunica densidad, pero convierte relaciones en inventario. Un jaguar no es una entrada aislada: necesita presas, refugio y un territorio conectado. Una orquídea depende de polinizadores, hongos y humedad.

Durante el siglo XX, el país trató el bosque como terreno pendiente de uso. Pastos y cultivos avanzaron, impulsados por la ganadería. La cobertura forestal, estimada en torno al 75 % en 1940, cayó a un mínimo aproximado del 21 % en 1987. Luego cambió la dirección. La crisis del mercado de la carne redujo ciertos incentivos para desmontar; la urbanización y el turismo alteraron la economía; los parques nacionales, las restricciones forestales y los corredores biológicos construyeron otra política territorial.

El Programa de Pago por Servicios Ambientales, consolidado legalmente en los años noventa, condensó esa nueva mirada. En vez de considerar improductiva una finca arbolada, reconoció beneficios públicos: captura de carbono, protección del agua, conservación de biodiversidad y belleza escénica. Parte de su financiación procedió del impuesto a los combustibles, una paradoja útil: el consumo de un recurso fósil ayudó a mantener ecosistemas que almacenan carbono.

La recuperación, hasta cerca del 59 % del territorio, merece atención mundial, pero no admite una lectura triunfalista. Contar hectáreas no distingue una selva madura de un bosque secundario joven. La regeneración sobre antiguos pastos devuelve sombra y hábitat, aunque no reproduce inmediatamente la estructura anterior. Además, muchos parches permanecen cercados por carreteras, plantaciones o ciudades; algunos bosques nuevos son talados antes de alcanzar veinte años.

La conservación también distribuye poder. Comunidades indígenas y rurales mantienen conocimientos y territorios decisivos, pero los ingresos turísticos, los pagos y las decisiones no siempre llegan de forma equitativa. El visitante que compra una experiencia intacta puede olvidar que el paisaje está habitado, trabajado y discutido. Incluso un parque requiere vecinos, guardaparques, científicos, reglas y recursos.

Ahora el cambio climático altera la materia básica del sistema. Si el nivel de condensación asciende, la niebla puede pasar por encima de bosques que evolucionaron dentro de ella. Sequías, incendios, lluvias extremas y desplazamientos de especies someten a tensión los fragmentos aislados. Los corredores dejan entonces de ser una idea elegante: se convierten en rutas de supervivencia.

Costa Rica demostró que la deforestación no constituye un destino irreversible. Su experiencia también enseña algo menos cómodo. Recuperar el color verde es posible en unas décadas con voluntad política; reconstruir las relaciones ecológicas entre miles de especies exige continuidad, espacio y generaciones. El bosque comienza donde termina la estadística.

Tip: tap any word to see its English translation.