Durante siglos, el ajedrez fue presentado como una actividad seria, lenta y algo misteriosa. Sus mejores jugadores eran respetados, pero rara vez se convertían en figuras conocidas fuera de los círculos especializados. En los últimos años, esa distancia se ha reducido.
Gran parte del cambio se explica por la facilidad con la que ahora se juega en internet. Se encuentran rivales a cualquier hora, se analizan los errores de forma automática y se ofrecen ejercicios adaptados al nivel de cada usuario. Chess.com anunció en febrero de 2026 que había llegado a 250 millones de cuentas registradas, mientras que Lichess informó que en su plataforma ya se habían disputado más de siete mil millones de partidas desde su creación. Estas cifras no representan necesariamente a jugadores activos o personas distintas, pero muestran la enorme escala alcanzada por el ajedrez digital.
También se ha transformado la manera en que se observa el juego. Las partidas, que antes podían parecer incomprensibles para un principiante, son narradas por comentaristas que explican planes, errores y momentos de tensión. A través de vídeos y transmisiones en directo, los grandes maestros se han convertido en personajes reconocibles. El ajedrez incluso debutó en la Copa Mundial de Esports de 2025, donde se presentó ante un público acostumbrado a las competiciones digitales.
Fuera de internet, se están ampliando numerosos programas escolares. En Suecia, el proyecto Schackfyran reúne cada año a unos 25.000 alumnos de cuarto grado pertenecientes a más de mil clases. Allí se valora la participación de todo el grupo, no solo el resultado de sus mejores jugadores.
No todos celebran el fenómeno sin reservas. Algunos entrenadores temen que las partidas de uno o tres minutos sustituyan al pensamiento profundo. Además, deben combatirse las trampas realizadas con programas informáticos y los comportamientos agresivos que aparecen en ciertas comunidades digitales.
Aun así, el crecimiento del ajedrez no parece una moda pasajera. Su éxito procede precisamente de una contradicción: ofrece concentración en una época distraída, pero ha aprendido a presentarse con la velocidad que esa misma época exige.
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